por qué volví a incorporar carne

Hace aproximadamente un mes tomé una decisión que todavía no había compartido demasiado: después de varios años de llevar una alimentación vegetariana, volví a incorporar carnes y pescados.

No lo hice porque ahora considere que comer carne sea “mejor” ni porque piense que una alimentación vegetariana no puede ser saludable. Lo hice porque mis necesidades cambiaron y decidí escuchar las señales de mi cuerpo.

Muchas veces nos identificamos tanto con una forma de alimentarnos que modificarla puede sentirse como una contradicción. “Soy vegetariana”, “soy keto”, “soy vegana”, “soy low carb”. Sin darnos cuenta, convertimos una elección en una etiqueta rígida.

Pero la alimentación también necesita evolucionar. Una forma de comer que nos hizo bien durante una etapa puede no ser la más adecuada para otra. Cambian nuestras hormonas, nuestra actividad física, nuestra composición corporal y nuestros objetivos. Revisar lo que hacemos no significa que antes estuviera mal: significa reconocer que hoy podemos necesitar algo diferente.

En mi caso, con la menopausia, el entrenamiento de fuerza y mi objetivo de preservar y aumentar masa muscular, sentía que necesitaba más proteínas, mayor saciedad y una mejor recuperación.

Una alimentación vegetariana bien planificada puede cubrir perfectamente los requerimientos proteicos. Sin embargo, alcanzar todos los días la cantidad que necesitaba se había vuelto más complejo para mí. Volver a incorporar proteínas animales fue la alternativa que mejor se adaptó a mi cuerpo, a mi nivel de actividad y a mi estilo de vida actual.

A partir de los 40 años, y especialmente durante la menopausia, cuidar la masa muscular se vuelve fundamental. El músculo es mucho más que una cuestión estética: participa en la sensibilidad a la insulina, el metabolismo de la glucosa, la salud ósea, la fuerza, la autonomía, la prevención de lesiones y la recuperación después del ejercicio. También es uno de los grandes aliados de nuestra longevidad y calidad de vida.

Para preservarlo necesitamos entrenamiento —especialmente de fuerza—, descanso, energía suficiente y un aporte adecuado de proteínas.

Como orientación general, una persona físicamente activa que entrena y busca preservar o aumentar su masa muscular puede calcular entre 1,5 y 2 gramos de proteína por cada kilo de peso corporal al día.

La cuenta es sencilla: multiplicás tu peso por 1,5 y luego por 2 para obtener un rango aproximado. Por ejemplo, una persona que pesa 60 kilos podría necesitar entre 90 y 120 gramos de proteína diarios:

60 × 1,5 = 90 gramos
60 × 2 = 120 gramos

La idea no es incorporar toda esa cantidad en una sola comida, sino distribuirla a lo largo del día, según la organización alimentaria de cada persona.

Este cálculo es solamente orientativo. Las necesidades pueden variar según la edad, la composición corporal, el tipo y la intensidad del entrenamiento, los objetivos y el estado de salud. Si tenés enfermedad renal, hepática u otra condición médica, o no sabés cuál es la cantidad adecuada para vos, consultá siempre con tu médico o nutricionista.

Volver a comer carne tampoco significa consumirla todos los días ni hacerlo de cualquier manera. Siempre que puedo, priorizo carnes provenientes de animales de pastura, huevos de gallinas libres, pescados de buena calidad y alimentos orgánicos o agroecológicos. Elijo preparaciones caseras, mínimamente procesadas y acompañadas por una gran variedad de vegetales.

Mi alimentación continúa teniendo una enorme base vegetal. No eliminé las verduras ni abandoné todo lo aprendido durante mis años como vegetariana. Simplemente sumé nuevas fuentes de proteínas que hoy me ayudan a cubrir mejor mis necesidades.

No se trata de que todas las personas deban comer carne. Hay quienes se sienten muy bien con una alimentación vegetariana o vegana y otras que necesitan o prefieren incorporar alimentos de origen animal. Incluso una misma persona puede necesitar cosas diferentes en distintos momentos de su vida.

Por eso, más importante que la etiqueta es observar cómo nos sentimos. ¿Tenemos energía durante el día? ¿Nos recuperamos bien después de entrenar? ¿Nuestra alimentación nos genera saciedad? ¿Estamos preservando la masa muscular? ¿Podemos sostener esta forma de comer sin vivir estresadas? ¿Continúa respondiendo a nuestras necesidades actuales?

La nutrición no debería convertirse en una religión ni en una acumulación de reglas imposibles de sostener. La verdadera alimentación consciente consiste en observarnos, revisar nuestras necesidades y permitirnos realizar ajustes.

Incorporar la carne, significó aceptar que cambié.

Porque cambiar después de escuchar al cuerpo no es incoherencia.

Es evolución.